miércoles, 8 de octubre de 2008

HABLA BIEN BONITO

Mañana de suburbio
y el autobús se acerca a la parada.

Hace frío en la calle, suavemente,
casi de despertar de primavera,
de ciudad que no ha entrado
todavía en calor.
Desde mi asiento veo a las mujeres,
con los ojos de sueño y la ropa sin brillo,
en busca de su horario de trabajo.

Esta mañana, cuando iba a clase de inglés en el autobús, una voz me ha sacado de mi ensoñación (no extraña, puesto que eran las 7.30, no me había dado tiempo de tomar un café y las legañas habían formado un ejército invisible que amenazaba con atacar). Lo primero que me ha llamado la atención ha sido el tono: dulce, melodioso... Como creo que dicen allí, esa voz hablaba bien bonito, con esa musicalidad cuyo origen geográfico no sé determinar, la verdad. Podría ser tanto chilena como peruana. No tengo ni idea.

Pero la cosa es que, puesta a terminar de despertarme, he agudizado el oído para escuchar lo que esa chica, de unos 20 años, estaba diciendo a alguien por el móvil. Y atónita, me he dado cuenta de que estaba cortando con su novio de una forma totalmente relajada, sin ningún tipo de nerviosismo o histeria incontrolable (y, por supuesto, sin que le diese vergüenza de que los cuatro gatos que viajábamos con ella nos enterásemos). No hace falta que nos volvamos a ver. Yo no quiero seguir jugando y que podamos herir nuestros sentimientos. Y muchas frases más, pero todas ellas utilizando la rica lengua madre sin ningún tipo de interjección, onomatopeya o diminutivo, llamando a las cosas por su nombre y con un amplio abanico de vocabulario. Nada de lo que acostumbramos a hacer nosotros diariamente.

Así que he decidido, que si alguna vez tengo que darle una patada a alguien en el culo, lo haré hablando bien bonito, no sea cosa que esa chica me esté espiando y piense que soy analfabeta.
Que tengas un buen día,

que la suerte te busque
en tu casa pequeña y ordenada,
que la vida te trate dignamente.

Luis García Montero (Mujeres)

martes, 7 de octubre de 2008

DESIDIA

Y la desidia que amenaza, que decía una canción de Zumo de Vidrio, el grupo previo a Héroes del Silencio. Y es en ésta en la que me encuentro... Con ganas de hacer cosas pero a la vez con ganas de no hacer nada. Motivada por una parte pero acojonada por la otra. Y es que quedan pocos días, sólo una semana, para volver a la vida real y salir de este letargo de mariposa en el que me he sumido durante varios meses, tejiendo una especie de coraza de duda, más semejante a una veleta que a otra cosa. Y es que el martes que viene empiezo en la Universidad, por fin (piensa mi Yo positivo) y por qué (piensa mi Yo dubitativo). Con contrato de becaria (ahorraremos todo comentario referente a Clinton y sus gustos, porque ya está un poco pasado de moda y ya gocé de ese status hace un par de años, así que no tiene gracia) durante 6 meses, hasta que me dén (optimismo de nuevo) la beca de investigación y pueda vivir de ello durante 4 años por lo menos. Así que las cosas vuelven tranquilamente a su cauce.
Hoy, en la facultad, he podido reencontrarme con un antiguo compañero de clase de mis tiempos de teeneger (esos años que no deberían existir porque no sabes qué quieres, cómo eres y cómo quieres que te vean, con lo que acabas con una paja mental del quince, toda llena de contradicciones). Y creo que en 7 años los dos hemos tenido tiempo para madurar. Por mi parte, para dejar de ser una sosita mojigata con calcetines cortos que miraba embobada la foto de Bunbury y pensaba en príncipes de mallas ajustadas, y por su parte para dejar de ser un tocabowlings y convertirse (aparentemente, asoma mi Yo prudente) en un compañero de trabajo cordial y agradable, por qué no. ¿Estaremos entrando en la madurez? Bueno, una profesora que ha entrado en el despacho de L. mientras estábamos hablando ha pensado que yo era una estudiante, así que todavía no soy una mujer madura. Avon, no voy a abrir la puerta para comprar tus cremas antiarrugas, así que ahorrate el esfuerzo...

jueves, 2 de octubre de 2008

HASTA PRONTO


Los aviones no pueden volar,
pero ellos no lo saben, no lo saben,
se balancean en la Aurora Boreal
o se deslizan encima de las nubes.
Amaral (Una pequeña parte del mundo)
A esta hora, L. estará apunto de embarcar en el avión que la llevará Oslo. Ayer nos despedimos de ella, y aunque la verdad es que da un poco de penita, lo cierto es que le espera un año en en el extranjero en el que puede conocer a un montón de gente (con especial importancia del género masculino, por su puesto) y de lugares muy diferentes a los que estamos acostumbrados aquí en España. Si lo piensas así, no es tan triste. Incluso podríamos decir que ¡vaya envidia! En fin, habrá que ir a verla un día de estos, ¿no?